Tras haber cerrado, hace más de un año, su emblemática tienda situada a pocos pasos del Centro Pompidou, Vans vuelve por todo lo alto al corazón del barrio del Marais parisino. Instalada en el número 14 de la rue du Temple, la marca californiana no se ha limitado a inaugurar un nuevo punto de venta: ahora propone un espacio con una visión diferente, concebido como un auténtico punto de encuentro cultural. Un reposicionamiento asumido que pudimos descubrir el miércoles por la noche durante una inauguración por todo lo alto, con una programación musical capaz de competir con la de las grandes salas parisinas: Little Simz, OKLOU y Andy4000. Aquí te contamos todo.
Un espacio dedicado a la comunidad Vans
Al igual que en Londres, Vans ha desplegado en París un concepto híbrido: a los 130 m² de tienda se suma un amplio patio interior que recuerda más a un loft neoyorquino que a una superficie comercial tradicional. Un espacio en bruto, modulable, pensado para acoger eventos, performances y activaciones tanto públicas como privadas. Ya desde la noche de la inauguración, el concepto quedó claro: tanto el fotomatón como los stands de bebidas y comida recibieron a lo más selecto del mundo de la moda presente para la Fashion Week masculina. Con esta inauguración, el espacio se impone, desde el principio, como un futuro terreno de juego para la creación parisina.


Su excelente acústica permite organizar fácilmente conciertos íntimos o sesiones de DJ, lo que puede convertir al número 14 de la rue du Temple en una parada indispensable en la Fiesta de la Música de París. Un lugar que algunos en SNSP ya hemos anotado en nuestra agenda.
Una programación musical comprometida
La elección de las artistas invitadas para la inauguración no ha sido nada casual. Un cartel 100 % femenino, ecléctico y exigente, que refleja una voluntad clara: conectar con una nueva generación, más diversa y comprometida. Little Simz, OKLOU y Andy4000 son voces singulares, capaces de atraer nuevos perfiles hacia la marca.
Esta orientación se confirma con el anuncio de una colaboración exclusiva con SZA. La artista, que además ha sido nombrada directora artística de Vans, acudió a la tienda el jueves 22 de enero para presentar el modelo y encontrarse con sus numerosos fans. Un momento único con el flagship como escenario.
Una marca por la que no pasan los años
Aunque Vans sigue apoyándose en sus modelos icónicos (Old Skool, Authentic y Slip-On), la marca no duda en explorar nuevos territorios, con colores atrevidos y mezclas de materiales y referencias más sofisticadas. Como la colección desarrollada junto al desaparecido Valentino Garavani, que evidencia una voluntad de diálogo con el universo de la moda. Además, Vans también se suma a la tendencia de las zapatillas de suela fina, popularizada recientemente por Miu Miu, que atrae a una clientela que busca un look más discreto o depurado.


Por su parte, la colaboración con SZA se inscribe en una tendencia más amplia: la de los artistas considerados como figuras creativas dentro de las marcas. A$AP Rocky en Puma o Jaden Smith en Louboutin son ejemplos que ilustran esta estrategia. En el caso de Vans, el objetivo es claro: conectar con los fans de la cantante, muy presentes durante su paso por París, e introducir la marca en su imaginario cultural.
Además, durante el desfile de Louis Vuitton FW26, SZA presentó unas zapatillas concebidas junto a la diseñadora Rachel Goatley: un modelo adornado con joyas de inspiración campestre. Ambas han desarrollado otros cuatro modelos, todos aderezados con piedras preciosas. Un estilo poco común en el universo de Vans, que demuestra, sin embargo, su capacidad para reinventarse sin renunciar a su ADN.


Con esta nueva tienda en el Marais, Vans no solo se instala en uno de los barrios más dinámicos de la capital, sino que se convierte en un actor importante en el mundo cultural de París. Federando a su comunidad y apostando por la música y por las colaboraciones artísticas de peso, la marca estadounidense demuestra que sigue de actualidad. Más aún: confirma que una firma nacida hace casi sesenta años puede vivir perfectamente con su tiempo sin dar la impresión de correr tras él.
Artículo de Julie Boone.








