Considerado durante mucho tiempo como un objeto puramente práctico, el bolso de paja se ha ido ganando, poco a poco, un lugar privilegiado en las pasarelas. Ya en los años 70, Jane Birkin lo transformó en un accesorio emblemático en La Piscine, otorgándole un encanto discreto, ese “je ne sais quoi” que nos conquista década tras década. Descubre este accesorio que ha salido del mercado para invadir las siluetas primaverales, imponiéndose como un must-have temporada tras temporada.
El bolso de paja, un compañero de vida
Objeto doméstico por excelencia, el bolso de paja soporta las mudanzas, resiste al peso de las compras, nos acompaña al mercado y sublima nuestroslooks en los días soleados. Una mezcla de objeto funcional y accesorio de moda que es igual de ideal junto a la chimenea, lleno de revistas, que colgado del brazo, repleto de frutas, flores o toallas de playa.
Disponible en una infinidad de formas y tamaños, este bolso se adapta a todos los usos, con una capacidad de transformación que sin duda explica su longevidad. Así, lejos de ser un objeto estático, evoluciona al ritmo de los estilos de vida, de las estaciones y de las expectativas que la moda proyecta sobre él.


Si el bolso de paja sigue gozando de tanto éxito, también es gracias a su aspecto artesanal. La cestería, técnica de trenzado vegetal, ya estaba presente en el Antiguo Egipto, mucho antes de difundirse por Europa en el siglo XVII. El mimbre, material flexible y resistente, se utilizaba entonces tanto para fabricar mobiliario como recipientes de uso cotidiano. Este saber hacer artesanal, transmitido de generación en generación, confiere al bolso de paja una dimensión intemporal. En un momento en el que la moda redescubre el valor de lo hecho a mano y de las técnicas sostenibles, la cestería se presenta como un contrapunto a la industrialización masiva.
Una inspiración clave para la moda
En las últimas temporadas, las marcas de moda han adoptado el bolso de paja como un verdadero manifiesto. Es el caso de Jacquemus y su colección Le Raphia, un claro homenaje a un material muy apreciado por el creador provenzal. Fiel a sus raíces, Simon Porte Jacquemus reinterpretó este bolso en proporciones muy atrevidas, elevándolo al estatuto de must-have.


En Celine, Michael Rider propone para la Primavera-Verano 2026 una interpretación más narrativa: dos bolsos combinados que ilustran el espíritu de un picnic elegante. Hermès, por su parte, crea en sus talleres pequeñas maletas de mimbre rígidas, mezcla de artesanía y lujo, pensadas para acompañar los looks de entretiempo.



Bottega Veneta, marca históricamente vinculada al trenzado, también ha hecho suyo el bolso de paja. Para la primavera de 2024, Matthieu Blazy, entonces director artístico de la casa, presentó una versión XXL en forma de medialuna, antes de ofrecer variaciones más compactas la temporada siguiente. Incluso el llamado quiet luxury lo ha adoptado: The Row lanzó un modelo oversize que demostró que el bolso de paja, además de ser intemporal, es una pieza muy versátil.
¿Un accesorio solo para mujer?
A pesar de tener un gran éxito temporada tras temporada, el bolso de paja sigue estando esencialmente asociado al vestuario femenino. Las campañas e imágenes de moda lo muestran, en la mayoría de los casos, llevado bajo el brazo por mujeres de todas las edades. En el caso de los hombres, aunque el interés por los bolsos se ha hecho evidente en los últimos años, el bolso de paja sigue siendo discreto, reservado a usos más prácticos, como ir al mercado.



Algunas marcas como Fendi o Jil Sander han intentado convencer proponiendo modelos inspirados en este accesorio, pero alejados de su forma original. Así, el mimbre se sustituye por cuero, la estructura se flexibiliza y la capacidad se amplía, ofreciendo una alternativa más asociada al vestuario masculino.
El bolso de paja ya no solo nos acompaña en nuestras compras diarias. Cuenta además una verdadera historia, la de un objeto que atraviesa las épocas, encarnando ese “je ne sais quoi” que transforma lo práctico en elegante y demuestra que algunos accesorios no necesitan reinventarse radicalmente para dejar huella.
Artículo de Julie Boone.







