Practicar un deporte es una actividad muy valorada desde hace unos años. Una tendencia que ha creado nuevos básicos imprescindibles en nuestros armarios: mallas ceñidas, chalecos con cremallera, zapatillas impecables… todo combinado para construir una silueta deportiva, pero con mucho estilo. Marcas como Lululemon u Oysho han crecido de forma espectacular gracias a esta tendencia, y las colaboraciones efímeras, como Skims x Nike, siguen disfrutando de este estilo, conocido como el activewear. Sin embargo, una nueva silueta más relajada y menos codificada se perfila en el horizonte.
El gym set, un esencial
El gym set sigue siendo uno de los emblemas de la “clean girl”. Unlook que ya no se luce solo en las clases de pilates, sino también para tomar un matcha en una terraza, integrándose en el día a día como un uniforme, una muestra discreta de un estilo de vida activo y sano.


Sin embargo, detrás de este símbolo se esconde una norma implícita: la delgadez. Una uniformidad que ha limitado durante mucho tiempo la inclusividad del sportswear y que algunas marcas empiezan a rechazar. Lululemon, por ejemplo, propone tallas que van hasta la 54. Una oferta aún excepcional en un universo donde la diversidad corporal sigue estando poco representada.
Regreso a los años 2000
La vuelta a los años 2000 es una tendencia más inspiracional que literal. Esto quiere decir que lo que hoy en día se retoma no es tanto el imaginario Y2K como la libertad vestimentaria de aquella época, aunque a menudo estuviera asociada a la delgadez. En aquel momento, el sportswear se llevaba sin necesidad de justificación, a menudo fuera de contexto y, en ocasiones, con una cierta despreocupación.
Esta sensación de relajación, sin embargo, no debe idealizarse. Aunque el rendimiento deportivo aún no se escenificara como hoy en día, los cuerpos femeninos sufrían una vigilancia constante. Los paparazzi, omnipresentes, observaban el más mínimo cambio corporal, el supuesto aumento de peso, un gesto “extraño” o un jogging demasiado ajustado.



Las imágenes de esta época mostraban cuerpos captados en movimiento, sin puestas en escena, pero que eran evaluados de forma permanente, con camisetas de tirantes superpuestas o pantalones deportivos demasiado largos: un vestuario deportivo sin ningún tipo de disciplina. Una actitud que reaparece en la actualidad, aunque filtrada por una visión mucho más orientada moda, alimentada por años de escenificación digital.
El calzado se convierte en el detalle que lo cambia todo. Con unas zapatillas, el look sigue siendo claramente deportivo, y es mucho más “casual” con unas UGG altas, que dan la impresión de haberse puesto lo primero que se tenía a mano. Las botas o los tacones, en cambio, transmiten un mensaje un poco diferente: el look ya no habla de gimnasio, sino que afirma un claro “elijo lo que me pongo”. Así, ya no se trata de mostrar un cuerpo o un estilo de vida ideal, sino de afianzar una postura personal y diferente que incluso cuestiona los códigos habituales.
El pantalón corto, pieza clave de esta nueva tendencia
Aunque el legging, prenda emblemática del gym set, no desaparece, cambia de rol. Asociado durante mucho tiempo a la eficacia y al uniforme de la “clean girl”, se integra hoy en día en looks menos codificados. El pantalón corto, ignorado hasta el momento, también empieza a imponerse como heredero de los pantalones Capri. Sin embargo, ahora se distingue por cortes más fluidos, por inspiraciones variadas y por la amplitud de materiales, como el nylon técnico, los tejidos más mate o los materiales más ligeros.


Ni el pantalón corto ni el legging requieren una parte superior a juego. Se combinan con una camiseta ancha, con varias camisetas de tirantes superpuestas o con una chaqueta amplia de cuello alto. Algunos looks incluso se apropian de los códigos masculinos, recordando el estilo desenfadado de Adam Sandler a principios de los años 2000.
El gym setha entrado en una fase de transformación. Las influencias nostálgicas de los años 2000, el auge de las siluetas boyish y la reinterpretación del pantalón corto muestran que el sportswear es cada vez menosuniforme, más inclusivo y, sobre todo, más divertido. La práctica deportiva sigue siendo valorada, pero lo importante ya no es solo la imagen de un cuerpo en movimiento, sino el estilo personal. El gym set no ha muerto, sino que se está reinventando para adaptarse a una generación que prefiere experimentar antes que vestir un uniforme.
Artículo de Julie Boone.







