La diseñadora de calzado favorita de las grandes marcas acaba de abrir su primera tienda en París. Un lugar propio, situado en el nº 1 de la rue de la Paix, donde sus modelos no lucen la etiqueta de una marca prestigiosa, sino su propio nombre. Descubre el trabajo de esta creadora discreta que está a punto de ganarse el reconocimiento que merece.
Una diseñadora al pie del cañón
Saint Laurent, Celine, Dries Van Noten, Bottega Veneta, Loewe, The Row y ahora Dior… Nina Christen ya ha dejado su huella en una buena parte de las marcas más prestigiosas del mundo de la moda, primero como diseñadora de calzado y luego como jefa de departamento. Sin embargo, aunque su nombre es conocido entre los profesionales del sector, el gran público conoce solamente sus diseños.


Entre los más icónicos destacan los tacones rojos estilo Minnie Mouse de Loewe o las sandalias de rejilla con tacón y los mules Lido de Bottega Veneta (uno de sus modelos favoritos). También figuran en su palmarés las polémicas chanclas de The Row. Desde hace un año, esta diseñadora es la encargada de crear las colecciones de calzado de Dior, bajo la dirección artística de Jonathan Anderson, con quien ya había trabajado en Loewe. Un reencuentro que demuestra que Nina Christen es una de las diseñadoras más solicitadas en la industria. Sobre Jonathan Anderson, la creadora ha declarado en EE72: «Jonathan me inspira muchísimo. Su manera de trabajar, su forma de yuxtaponer los elementos: todo es muy instintivo, muy dinámico, casi eléctrico».
Pero, ¿cuál es el secreto de Nina Christen? Pues que es un camaleón capaz de adaptarse a cada marca, e incluso a cada director artístico: «Cuando trabajo para una marca, primero intento captar su energía y la de su director artístico».
Crear su propia marca para existir
En el mundo de la moda, muchas diseñadoras solo alcanzan el reconocimiento que merecen creando su propia marca, generalmente bajo su propio nombre. Este fenómeno se explica, en parte, por la dificultad aún persistente a la que se enfrentan las mujeres para acceder a puestos de dirección artística en las grandes firmas de moda. Como ya hemos citado en un artículo precedente sobre la falta de mujeres al frente de las direcciones creativas, las oportunidades para las diseñadoras siguen siendo limitadas. Así, lanzar una marca propia se convierte en una estrategia de emancipación, pero también en un medio de legitimación. Esta vía permite plantar cara a un sistema que, desde siempre, ha elegido a figuras masculinas o ya mediáticas para ocupar los puestos más visibles. El caso de Nina Christen presenta, sin embargo, un matiz interesante. A diferencia de otras creadoras, que eligen esta estrategia por necesidad o por deseo de independencia, Christen pretende evolucionar en ambos terrenos a la vez.



En este contexto, que Nina Christen haya elegido su propio apellido como nombre de marca adquiere un fuerte valor simbólico, ya que, situando su identidad en el corazón de su proyecto, afirma su legitimidad creativa más allá de las marcas con las que colabora.
Un lugar propio
Como afirmaba Virginia Woolf en Una habitación propia, para expresar su máximo potencial las mujeres deben construir su propio espacio. Para Nina Christen, ese espacio se encuentra ahora en el nº 1 de la rue de la Paix, a un paso de la selecta Place Vendôme. La boutique ha sido diseñada en colaboración con la artista Azadeh Shladovsky, dando como resultado un interior de estilo brutalista, donde el hormigón visible cubre suelo, paredes y techo. Una especie de lienzo en blanco, deliberadamente minimalista, pensado para evolucionar con cada temporada y cada colección.


En cuanto a los productos, la diseñadora propone una línea de calzado de estilo atemporal, fabricado en las mejores manufacturas de Italia, con siluetas depuradas, pensadas para perdurar y muy alejadas del ritmo frenético de las tendencias, que es capaz de predecir sin problemas.
Una manera con la que Nina Christen quiere pasar de la sombra a la luz, colocando al mismo tiempo su nombre donde siempre debió estar: en el corazón del calzado.
Artículo de Julie Boone.








