Mientras los termómetros no dejan de subir y las olas de calor se suceden desde el mes de junio, un objeto inesperado se ha convertido en el protagonista indiscutible del verano: el abanico. Descubre cómo este accesorio práctico e imprescindible se ha erigido como una de las últimas tendencias de la moda.
En primera fila de los desfiles: el accesorio esencial de la Fashion Week

Aunque Francia y buena parte de Europa sofoca por las altas temperaturas, el calendario de la moda no se detiene. Eso sí, este verano, en las primeras filas de los desfiles de la Fashion Week, el abanico se ha convertido en el accesorio más codiciado de la temporada.
Firmas como Dior, Ami o Amiri han tenido que adaptar sus front rows a las altas temperaturas, teniendo un agradable detalle con sus invitados: un delicado abanico colocado sobre los asientos de cada desfile. Un gesto tan elegante como práctico, pensado para que pudieran refrescarse con estilo mientras esperaban el comienzo del desfile.
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Aunque su función principal sigue siendo, por supuesto, la de refrescar a quien lo agita, el abanico también está recuperando toda su dimensión social. Es el accesorio definitivo para construir una imagen personal, una prolongación del cuerpo que dice mucho sobre quien lo maneja. En el mundo de la moda, donde cada gesto y cada expresión durante un desfile quedan inmortalizados por cientos de teléfonos móviles y cámaras de fotos, el abanico vuelve a ser lo que ya fue en la corte de Versalles o en los salones del siglo XIX: un auténtico escudo social.
Una especie de coraza personal que permite ocultar una mirada de cansancio o un gesto de exasperación demasiado evidente, pero que, sobre todo, sirve para susurrar un buen cotilleo a la persona que tienes al lado de manera disimulada. Una crítica a la colección que desfila, un comentario mordaz sobre la influencer de enfrente… basta desplegar el abanico con un rápido movimiento de muñeca para ocultar la conversación de las miradas indiscretas. Mejor aún, el abanico aporta una teatralidad a la escena que parecía haberse perdido en la era digital: abrirlo con un golpe seco para expresar aburrimiento, cerrarlo de igual manera para dejar clara la irritación o colocarlo delante de la cara para aislarse del mundo.
Una inagotable fuente de inspiración para los diseñadores
Pero el abanico no solo refresca al público en los desfiles. También inspira a los diseñadores de moda desde hace décadas. Este renovado interés evoca algunos de los momentos más icónicos de la historia de la moda, cuando el accesorio dejó de estar en manos de los invitados para convertirse en protagonista de la pasarela.
Uno de esos momentos fue el desfile de la colección Primavera-Verano 2007 de Dior, firmada por John Galliano, donde el diseñador británico reinventó el abanico, transformándolo en unos espectaculares y escultóricos tocados. Años más tarde, Marc Jacobs se apropió de este accesorio en la colección Primavera-Verano 2011 de Louis Vuitton, convirtiéndolo en una prolongación natural de las prendas, con abanicos confeccionados con un delicado encaje que jugaban con las transparencias.
Convertido en un accesorio de moda esencial cuando aprieta el calor, el abanico se ha consolidado hoy en día como una auténtica herramienta de supervivencia. Un objeto ligero y práctico que cabe en cualquier bolso, junto a unas gafas de sol o un protector solar. Un complemento tan antiguo como atemporal que demuestra que, para soportar el calentamiento global con estilo, a veces hay que mirar al pasado.
Artículo de Julie Boone.








