La Gen Z cambia las pantallas por las manualidades

Mar 20, 2026 | Culture, Lifestyle

Nacida con un smartphone en la mano y una conexión permanente, la Gen Z parece sentir la necesidad de vivir algunos momentos lejos de las pantallas. Tras el auge del punto, la cerámica o el journaling no se esconde tan solo una tendencia pasajera, sino una necesidad real de ralentización y de contacto social.

Si la Gen Z es la generación con mayor dependencia de las pantallas, es también aquella que mejor domina sus códigos. Una paradoja que la convierte en una generación hiperconectada pero también muy lúcida. Según un estudio llevado a cabo por la ARCEP en Francia, el 62 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años que declaran pasar más de tres horas al día delante de las pantallas consideran que ese tiempo es excesivo. Una toma de conciencia clara que no sabemos si es el primer paso hacia la verdadera desconexión.

@tyciadchannel
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Lo más curioso de esta tendencia es que es precisamente en las redes sociales donde más claramente se percibe. Los feeds de TikTok e Instagram se están llenando de aprendices de alfarero, de puntos de ganchillo hechos en directo o de diarios íntimos para una escritura meditativa. Por supuesto, cada uno de estos momentos se capturan en vídeos, se editan y se publican, aunque eso no impide que la actividad se lleve a cabo.  El tiempo consagrado a modelar, coser o escribir es un tiempo sustraído a la pantalla, unos instantes dedicados a prácticas artísticas o artesanales, en solitario o en grupo.

Las actividades de antaño de nuevo a la moda

Hacer punto, cerámica, costura… los confinamientos vividos durante la pandemia de Covid-19 pusieron de moda las actividades manuales. Los ovillos se convirtieron en armas para luchar contra el aburrimiento, y la cerámica permitía relajarse entre dos reuniones por Zoom. Sin embargo, la vuelta a la vida «normal» no hizo que las agujas y los pinceles fueran de nuevo olvidados en el armario.

@jorjadela_
@jorjadela_ @hinge

El fenómeno empezó a tomar forma. De algunos tutoriales diseminados en YouTube se ha pasado a verdaderos creadores de contenido que han profesionalizado estas prácticas. Es el caso de Justine, instalada en el norte de Francia y conocida bajo el seudónimo @jorjadela_. Con cerca de 260.000 seguidores en TikTok, esta creadora de contenido ha transformado su pasión por la cerámica en un auténtico negocio. Con un taller equipado con horno y una tienda en línea, ha convertido esta práctica artesanal en un verdadero modelo económico.

Pero el éxito de Justine no es un caso aislado. Simplemente refleja el entusiasmo actual por los objetos hechos a mano, producidos en pequeñas cantidades, muy lejos de los ritmos industriales. Para una parte de la Gen Z, comprar una taza hecha a mano es una elección tanto estética como ética.

Nuevas prácticas y nuevos espacios de socialización

Las actividades manuales se llevan a cabo en espacios diversos a los que se acude tanto para crear como para socializarse. Talleres de pintura accesibles durante una tarde, clases de cerámica entre amigos o sesiones de cocina colectiva: participar en una actividad manual se convierte en un pretexto para conocer gente.

@moshikura

Algunos lugares incluso proponen un curso de pintura junto a una degustación de vino. Una unión que refleja un deseo claro de desacelerar sin renunciar a los placeres sencillos. La gen Z ya no quiere reunirse en un café con amigos para ponerse al día de las últimas novedades, con conversaciones en las que se informa más de lo que se comparte. Ahora se busca construir los recuerdos futuros, que serán, además, compartidos.

@axolotox.art
@axolotox.art

En cambio, hay ciertas prácticas que reivindican la intimidad. Es el caso del journaling, versión contemporánea del diario íntimo. En él se anotan pensamientos, se pegan imágenes, se ponen por escrito las ambiciones más secretas. Ya sea en solitario o en talleres colectivos, escribir se ha convertido en una herramienta para centrarse y reconectar con uno mismo.

Sin embargo, todo tiene sus límites. Si bien es verdad que el teléfono está en reposo mientras la arcilla gira o la tinta se seca, una vez terminada la actividad, la costumbre de fotografiar, grabar o compartir vuelve a reinar. Ese magnífico momento fuera de línea se cierra con un regreso a las redes. Pero esto quizás no sea un gesto contradictorio.  Es más bien la firma identitaria de una generación que no quiere huir de lo digital, sino replantear su relación con ese mundo, demostrando que puede dominar la pantalla y distanciarse de ella.

Artículo de Julie Boone.