Aunque pensábamos que el juego de las sillas ya había finalizado, el año terminó con una nueva sacudida en la industria de la moda: la salida de Dario Vitale de Versace. Unas semanas más tarde, fue Pieter Mulier el que se despidió de Alaïa. Una despedida aún más comentada, ya que el diseñador belga acaba de unirse oficialmente a la marca milanesa, recientemente incorporada al grupo Prada. Al mismo tiempo, el nombre de Olivier Rousteing circula como su posible sucesor en la rue de Moussy, sin que ninguna confirmación oficial valide por ahora los rumores. ¿Quién tomará las riendas de Alaïa? ¿Cómo será el Versace de Mulier? Muchas preguntas siguen aún sin respuesta. Lo que es seguro es que, en apenas cuatro años, el diseñador ha logrado que Alaïa vuelva a estar en la cumbre, superando el difícil reto de reposicionar la marca sin perder ni un ápice de su legado. Aquí te lo contamos.
Una nominación estratégica para la marca
Pieter Mulier se incorporó a Alaïa en 2021 como director artístico, cuatro años después del fallecimiento de Azzedine Alaïa. Un momento delicado para la maison fundada en 1964, cuya identidad se basa en una visión del cuerpo extremadamente precisa, casi obsesiva. Desde su llegada, el desafío fue claro: mantener vivo ese legado sin convertirlo en algo estático, devolviendo a la marca una resonancia cultural y comercial a escala internacional.



La directora general de la marca, Myriam Serrano, resumió entonces el objetivo del proyecto: acompañar “el renacimiento creativo de Alaïa, honrando su legado y reforzando la pertinencia, la confianza y el reconocimiento mundial de la casa”. Una apuesta ambiciosa confiada a un diseñador relativamente desconocido para el gran público, pero sólidamente preparado para la misión.
Un creador tras la estela de Raf Simons
Diplomado en diseño y arquitectura, Pieter Mulier se forjó una reputación a la sombra de las grandes firmas. Tras pasar porJil Sander, Dior y Calvin Klein, pasó a formar parte de una generación de diseñadores educada tanto en la rigurosidad conceptual como en la exigencia formal. Mano derecha y amigo de Raf Simons, compartió con él una visión intelectual de la moda, alimentada especialmente por la arquitectura y el arte contemporáneo.
Esta cercanía explica también las especulaciones actuales: dado que Versace ha sido recientemente adquirida por el grupo Prada, la posibilidad de un reencuentro entre Simons y Mulier alimenta las conversaciones, reforzando la idea de que su salida de Alaïa podría haber sido estratégica.
El cuerpo femenino, un terreno de experimentación
En Alaïa, Pieter Mulier se ha impuesto como un verdadero escultor. Fiel al espíritu del fundador, ha sabido colocar el cuerpo femenino en el centro de su reflexión, sin querer restringirlo en ningún momento. Volúmenes arquitectónicos, cortes milimétricos, juegos de transparencias: sus siluetas revelan tanto como esconden, evocando mujeres poderosas venidas de otros tiempos.


La capucha se ha convertido en uno de sus elementos distintivos, reinterpretada e integrada en vestidos o abrigos como una extensión natural de la silueta. Lejos de la nostalgia, Mulier propone una lectura radicalmente contemporánea de Alaïa.
Pieter Mulier, el artesano de la renovación comercial
Si bien la crítica ha elogiado ampliamente su trabajo, el éxito de Pieter Mulier también se mide en ventas. Bajo su dirección, la popularidad de Alaïa se ha disparado, sobre todo gracias a piezas que se han vuelto virales. El bolso Teckel, con su silueta alargada tan reconocible, se ha impuesto como un must-have. Las bailarinas de malla o con strass, omnipresentes en las redes sociales y en los pies de todas las famosas, se han convertido rápidamente en best-sellers, copiadas y reinterpretadas por numerosas marcas, desde las más exclusivas hasta las cadenas de fast fashion.



Así, creando productos icónicos sin debilitar su propuesta creativa, Mulier ha conseguido situar a Alaïa en una dinámica poco común: la de una maison a la vanguardia, atractiva y capaz de transformar sus creaciones en verdaderos fenómenos virales.
Al reavivar el ADN de la marca sin anclarlo en el pasado, Pieter Mulier ha sabido dar una nueva resonancia a la obra de Azzedine Alaïa, audible para una generación que solo lo conocía a través de los archivos. Un legado reactivado, más que reinterpretado, que quizás sea una buena vía también para Versace…
Artículo de Julie Boone.







